lunes, 13 de octubre de 2008

¿Facismo o sensatez?

Es clara en México la aversión que se tiene al uso de la fuerza pública, empañada por los fantasmas del 2 de octubre de 1968, el 10 de junio de 1971 y la "guerra sucia" de los 70's. La mayoría de los mexicanos teme al uso de la fuerza pública porque la toman como una manifestación de autoritarismo inflexible y abuso de poder por parte del Estado. El mismo Estado teme la aplicación de dicha fuerza por miedo a generar un problema de legitimidad que ponga en entredicho al mismo Estado y lo lleve a un derrumbamiento o derrocamiento. Pero la razón de ser de todo este asunto y sus consecuencias va más allá del miedo o el rechazo.

Esta historia comienza con el movimiento estudiantil del 68 y las aspiraciones políticas de sus integrantes, quienes se atrevieron a desafiar al Estado e iniciaron un movimiento social nunca antes visto. Es claro para rodos la incomodidad y molestia que dicho movimiento generó en el Estado mexicano y sus mienbros, quienes con el fin de terminarlo de una vez por todas, recurrieron al uso de la violencia. La masacre en la Plaza de las Tres Culturas creó una mancha (aún peor que la tinta china) que nuestro gobierno sigue arrastrando hasta la fecha. Y parece estar tan arraigada que ni el mejor blanqueador político será capaz de quitarla.



¿Quién es el valiente que será capaz de enfrentar tal mancha sin temor a ser tachado de facista y autoritario? Hasta ahora no parece haber nadie dispuesto a ello. Todos, en mayor o menor medida, buscan eludir el uso de la fuerza pública para hacer valer la ley. Por un lado, podemos ver esto con una lente positiva. Contamos ahora con un gobierno más tolerante que permite a sus ciudadanos expresarse libremente y otorga una libertad política y participación ciudadana más amplias. ¡Felicidades! Dimos un paso más hacia esa meta añorada y altamente deseada de convertirnos en un Estado democrático ejemplar. Y cómo no, si México siempre está en constante progreso en este rubro. ¿O no?


Hemos estado tan cegados por esta "liberalización democrática" que no nos hemos detenido a observar las consecuencias que de ello han derivado. Y más ciegos aún porque al verlas las atribuímos a otros factores, los cuales en muchos casos están alejados de esa realidad. la consecuencia más directa y palpable es el crecimiento de la impunidad, y por lo tanto de la inseguridad, en la vida social y política de México. El Estado teme tanto el uso de la fuerza pública que ésta es prácticamente inexistente. Y si es inexistente, nadie nos detiene. Y si nadie nos detiene, ¿a quién temerle entonces? En otras palabras, nos encontramos dueños de un poder casi ilimitado.


Ese poder nos ha llevado a la creencia de que podemos transformar las protestas y manifestaciones en verdaderos circos fuera de la ley sin temor alguno. Nos creemos con la facultad de exceder los límites constitucionales y violar los derechos de terceros sin que seamos merecedore de castigo alguno. Mientras no exista un hecho violento como tal, nos consideramos intocables ante las autoridades, ya que de lo contrario las tachamos inmediatamente de represoras, antidemocráticas, anticonstitucionales, intolerantes, facistas, etc. Todo este pensamiento, surgido del miedo y la impunidad proveniente del mismo, es el que ha hundido a México en varias crisis sociales y políticas de gran magnitud. Como ejemplo están la huelga de la UNAM a fines de los 90's (con actores e intereses externos a la casa educativa), el movimiento del EZLN, la crisis de Oaxaca, el plantón en el Zócalo, Juárez y Reforma, los movimientos de los ambulantes, por mencionar sólo algunos. En todos ellos se cumple la misma fórmula: el miedo del Estado a usar la fuerza pública y el crecimiento del problema a niveles incontenibles, afectando a terceros y en algunos casos alejándose del propósito original.


En los casos mencionados anteriormente, el movimiento se inició bajo causas que buscaban un cmbio o mejora en algún aspecto social o político. La justicia de las causas de cada movimiento es un juicio que se reserva a cada individuo, aunque en lo personal no sienta que dichas causas hayan sido siempre justas. La huelga de la UNAM, por ejemplo, buscaba favorecer a los más pobres para que éstos pudieran seguir recibiendo educación, una causa justa y altruista vista desde esta perspectiva general. Sin embargio, al hacer un análisis más profundo de sus demandas, encontramos que éstas son (no encuentro otra palabra) estúpidas, y hasta risibles. Pedían que no aumentara la cuota de 20 centavos semestrales, que no hubiera límite en los exámenes extraordinarios y que tampoco se limitaran los años para concluir una carrera. Todas ellas son fácilmente rebatibles sin necesidad de estudiarlas más a fondo, ya que en una sola oración contienen la semilla de su destrucción. La primer es realmente risible, simplemente por la cantidad que menciona. ¿En serio afectaría tanto a la economía de una persona pagar poco más de 20 centavos por semestre? Gastamos cientos, y hasta miles de pesos, en cosas mucho más banales (ropa de moda, alcohol, cigarros, antro, aparatos eléctricos, CD's, accesorios para el carro, etc.) sin que nos importe en lo más mínimo. Pero a la hora de tener que pagar por nuestra educación, nos sentimos ofendidos y somos capaces de armar todo un movimiento social para impedir un aumento provechoso en una cuota meramente simbólica (no olvidemos que dicha cuota es voluntaria).


Por otro lado, las otras dos demandas, más que risibles, resultan indignantes, especialmente para alumnos de instituciones privadas o aquellos de instituciones públicas que realmente toman en serio lo que hacen. Sin olvidar, además, que son un reflejo de la pobre cultura del mexicano. Mientras un grupo de alumnos se exige (o es exigido) cumplir con sus obligaciones académicas de manera eficiente y en un tiempo adecuado, otro grupo busca, por medio de estas demandas, poder holgazanear a sus anchas sin tener repercusiones en sus estudios. Para quien se mata estudiando y se dedica en cuerpo y alma a pasar sus materias, resulta indignante que otros pidan el derecho a reprobarlas sin cargo de conciencia, ya que cuentan con posibilidades ilimitadas de exámenes para pasarlas en cualquier momento. ¿Qué dice esto de la calidad de la educación en México y de sus egresados? El juicio (seguramente duro) se lo reservo al lector.


Retomando el tema, este movimiento llegó a límites a los cuales no debería. La toma de las instalaciones provocó una crisis que afectó a los estudiantes que buscaba "ayudar" dicho movimiento. Un año de parálisis educativa en la mayor casa de estudios de México trajo no sólo una crisis educativa y social, sino el empañamiento de la imagen y prestigio de la UNAM. Debido a que el Estado temía profundamente el uso de la fuerza pública por la analogía extremadamente parecida con el 68, el movimiento desbocó en actos y hechos que se volvieron antoconstitucionales, como el privar a todos los alumnos de la universidad de su derecho al estudio.


En el 2006, con el plantón del Frente Amplio Progresista, se vivió una situación parecida, aunque en un contexto completamente diferente. Ahora, las demandas eran de carácter más político, ya que el candidato del PRD, Andrés Manuel López Obrador, alegaba que las elecciones presidenciales habían sido fraudulentas. Según el PREP, el candidato de derecha, Felipe Calderón Hinojosa, había sido declarado ganador al llevar la ventaja (mínima) en dicho conteo preliminar, hecho que fue confirmado más adelante por el IFE de manera oficial. Este evento suscitó gran revuelo en el ala izquierda de la política mexicana, la cual de inmediato declaró fraude en las elecciones. Bajo esta consigna iniciaron un plantón en la Ciudad de México, el cual abarcaba el Zócalo capitalino y las vías principales de Juárez y Paseo de la Reforma.



Luego de pedir el conteo voto por voto de todas las casillas y haber sido abierto sólo un pequeño porcentaje de las mismas (sin cambiar drásticamente los resultados), López Obrador se declaró presidente legítimo de México y organizó su propio aparato gubernamental para hacer frente al gobierno legal de Calderón. Uno de sus decretos como líder del movimiento y posterior "presidente legítimo", fue el de mantener lo que él llamó la "Resistencia civil", que consistía en mantener el plantón para hacer oír su voz. Y no sólo quedó ahí el movimiento, sino que aparte de ocupar y bloquear áreas y vías cruciales de la ciudad, bloquearon carreteras, tomaron la Cámara de diputados, trataron de sabotear el informe de gobierno y la toma de protesta de Calderón, entre otros.


Si bien las causas que abanderaba el FAP eran más justas, y a lo mejor hasta mejor justificadas que aquellas de los huelguistas de la UNAM, al final ambos movimientos derivaron hacia el mismo camino: el bloqueo de los derechos de terceros. Ya sea el derecho a la educación o al libre tránsito, los derechos de muchas personas fueron bloqueados por estos movimientos de "justicia social". Y es en este momento donde entramos al gran dilema. ¿Usar o no usar la fuerza pública? He ahí la cuestión. Por un lado tenemos un movimiento que es pacífico (aunque la huelga de la UNAM no lo fue tanto) que sólo reclama sus derechos y piden ser escuchados. Por otro lado, tenemos un movimiento social que ha crecido más allá de sus límites saludables y requiere ser contenido por el bienestar social. Sin embargo, bajo la luz del 2 de octubre preferimos dejarlo ser. ¿Que nos acuse de facistas y violentos por usar la fuerza pública? No gracias, paso.


En ambos casos, la autoridad se niega a tomar cartas en el asunto y detener dichos problemas, ya que vive bajo la sombrea del 2 de octubre y teme que el uso de la fuerza pública genere descontento en la población y lleve al gobierno a una crisis de legitimidad. Resulta más fácil (y más seguro) por otro lado, mantenerse al margen del conflicto hasta que éste amaine al punto en que se pueda usar la fuerza pública. Por un lado, porque el conflicto ha bjado de intensidad y existen menos riesgos de enfrentamientos, por otro lado, la sociedad ya harta del conflicto pide a gritos la intervención de la fuerza pública.


Parece a simple vista una fórmula sencilla que le evitará al gobierno meterse en problemas por usar la fuerza pública. Sin embargo, lo único que realmente ocasiona es una pérdida de autoridad por parte del gobierno. Como vulgarmente se dice, se le trepan hasta las barbas, y una vez arriba es imposible bajarlos. Y ahora ya no es sólo por el miedo, sino también por el auge de la libre interpretación de los Derechos Humanos.


Fuera de su contexto adecuado, los Derechos Humanos han sido usados muchas veces para justificar dichos movimientos y dejar que se salgan de control. La participación ciudadana en la defensa de los Derechos Humanos se ha tergiversado demasiado, al límite de que los delincuentes los usan para evitar ser arrestados. Si el uso de la fuerza pública en algo tan simple y completamente respaldado por las leyes, como el arresto de un delincuente, es causa de controversia en el tema de los Derechos Humanos, ¿cuánto más no lo va a ser un tema con tantas lagunas y ambigüedades legales como una manifestación o movimiento civil? El menor signo de uso de la fuerza pública trae a flote el grito de guerra de los defensores de dichos derechos. Y bajo un escudo como éste, el movimiento se ampara para continuar vigente y cometer toda clase de atropellos a los derechos de terceros. Entonces el gobierno, queriendo ser un gobierno "benevolente, democrático y respetuoso", permite la escalada del conflicto más allá de lo que debería. Y quienes pagamos los platos rotos somos todos aquellos ajenos al movimiento social.


El menor de los problemas es el crecimiento incontrolado de dichos movimientos, ya que hasta cierto punto no afectan a la sociedad en general. El verdadero problema no es la forma, sino el fondo, es decir, la impunidad que ha crecido en el país. Alejándonos un poco del tema de los movimientos sociales, llegamos al tema de la delincuencia e inseguridad. La falta de aplicación adecuada de la fuerza pública ha traído consigo, más allá de la generación de movimientos violentos, un crecimiento en la inseguridad pública, delitos, ejecuciones, etc. Sin la presencia de un gobierno fuerte, todos aquellos que operan fuera de la ley tienen entonces el campo libre.


Ya no se trata sólo de robos o delitos menores que quedan impunes, sino que llega hasta altos niveles del gobierno, corrupción, estafas, asesinatos, linchamientos, narcotráfico, secuestro, trata de blancas, e infinidad de delitos más. Vivimos en México un ambiente de inseguridad generado por la falta de fuerza pública que mantenga el orden. Si bien hay otros factore como corrupción al interior de la policía y falta de preparación de sus miembros, mucho tiene que ver también que sus apariciones reales son ya realmente pocas. ¿Cómo podemos esperar tener un cuerpo policíaco preparado si pocas veces se hace uso del mismo? La corrupción e impunidad han llegado a niveles tan altos que en muchos casos nos queda únicamente la opción de defendernos nosotros solos.


Hay que reconocer también que el mero uso de la fuerza pública no será la solución mágica, aunque sería un buen inicio. Ante todo, es importante aplicar dicha fuerza de manera racional, de forma que prevenga al crecimiento de conflictos y los contenga sin derivar en actos violentos. Debe romperse el cliché donde fuerza pública es sinónimo de brutalidad policíaca y abuso de autoridad. Ante eventos como el del FAP, que fueron pacíficos, el uso de la fuerza pública debe limitarse a contener el movimiento dentro un área limitada, por un tiempo limitado, y evitar que se torne violento. En casos como el del CGH o de algunos ambulantes, la fuerza pública debe limitarse a someter a los participantes violentos y disolver el movimiento de manera pacífica. En casos más extremos, como el levantamiento del EZLN y otros movimientos más violentos o que pongan en peligro la integridad y seguridad de la nación, deben ser los únicos en los que la fuerza pública tenga el derecho del uso legítimo de la violencia en toda su extensión.


La sociedad es como un niño que, al no ser castigado nunca, se vuelve berrinchudo y hará lo que sea por obtener lo que quiere. Si se le corrige y educa, entonces tendremos un niño respetuoso y maduro qué sabrá actuar en cada situación. El problema aquí recae en le hecho de que al ser un niño mimado, se se le castiga por primera vez entonces el niño se rebelará. Si el gobierno decide finalmetne aplicar mano dura, entonces la sociedad lo verá como una ofensa y se levantarán contra el gobierno en más marchas y movimientos, algunos incluso realmente violentos. ¿Qué hacer entonces?


Todo buen psicólogo, pedagogo y educador, recomendaría al padre mantenerse firme e imponer la autoridad que le corresponde. Lo mismo debe hacer entonces el gobierno con la sociedad. Imponiendo su autoridad nuevamente es como logrará controlar a la sociedad e iniciar el retroceso en el crecimiento de la impunidad. Será un gobierno más democrático que el que predican los integrantes de los movimientos sociales, pues no sólo les dará el derecho a manifestarse, sino que vigilará que dichas manifestaciones no interfieran con los derechos de otros. Si bien al inicio puede resultar difícil que el gobierno retome el control adecuado de la fuerza pública y la sociedad lo acepte, no queda otro camino.


México ahora, más que nunca, requiere de un gobierno fuerte que sea capaz de tomar las decisiones adecuadas sin temor a la opinión de la sociedad. México ahora, más que nunca, necesita el uso de la fuerza pública en todas sus formas para salvaguardar el orden, la seguridad e integridad de la nación. Es hora de romper con el paradigma del gobierno "tolerante" y miedoso y sustituirlo por el de un gobierno que, si bien respeta los derechos de los manifestantes, no tolerará actos indignos que atenten contra el resto de la sociedad. Es hora de que el gobierno retome el papel que le corresponde y recupere su autoridad perdida. ¿Facista? Tal vez, depende de tu punto de vista. Pero preferible eso a soportar idiotas que nos afectan a todos.

miércoles, 1 de octubre de 2008

Reforma energética

Yo, El Ahuizotle, regreso una vez más para dar la verdad de las cosas, aunque algunos me odien y otros me quieran por ello. Y ahora develaré lo que hay detrás de la reforma energética.

El problema principal aquí radica en que se necesitan recursos económicos para solventar al sector energético nacional, y así hacer frente a la crisis energética que vivimos y que se agravará con el paso de los años una vez que se haya consumido todo el crudo del planeta. Nos hemos acostumbrado tanto a nuestro modo de vida, que no hemos pensado a futuro, y ahora enfrentamos las consecuencias. PEMEX no puede enfrentar ya dicho problema, ya que el poco crudo que queda en el país se encuentra a grandes profundidades y se necesita nueva maquinaria y tecnología para poder obtenerlo. Lamentablemente, PEMEX no cuenta con dichos recursos.



Aquí se abre la primera interrogante, ¿dónde están los recursos obtenidos de la renta petrolera si se supone que PEMEX es la segunda empresa petrolera a nivel mundial? Quizá resolviendo (de manera positiva) esta interrogante se pueda dar una solución muchísimo más sencilla a todo esto. Si PEMEX es tan grande como dice ser, ¿dónde está el dinero? Esta es la base fundamental de todos aquellos que se oponen a la Reforma energética. Dicen que PEMEX cuenta con todos los recursos necesarios, pero que, para variar, todo se ha ido por la coladera de la corrupción.

Por otro lado, argumentan quienes se encuentran en contra que además de todo esta Reforma sería una violación a la Constitución, y aún más, a la soberanía nacional. Claro, no es violación a la soberanía que seamos el segundo país consumidor de Coca-Cola, que imitemos la vida gringa, que prefiramos ver Fox y Sony y el cine gringo sobre el mexicano, que vayamos a comer diario a McDonalds o que vayamos a Wal*Mart a comprar por sus "precios bajos". Por lo visto, la soberanía nacional radica sólo en el petróleo. Todo lo demás, puede irse a la m****a.

Es cierto, sí, que según la Constitución Mexicana, la rama petroquímica queda en poder del Estado ya que se considera estratégica. Pero tomemos en cuenta que el contexto histórico, social y económico ha variado a lo largo de los años. Si bien es cierto que el área petroquímica es estratégica para el país, cabe reconocer que no todas las partes de dicha área lo son. Y bien entendido eso, dada la situación actual del país, es entonces hora de un cambio. ¿Para que destinar más fondos en transporte del material si es posible que alguien más lo haga? La situación amerita que PEMEX deje de lado ciertos aspectos del área petroquímica para enfocarse principalmente en la extracción y refinación del producto.

Aclaremos (nuevamente, ya que nadie parece entenderlo) que PEMEX no se privatizará ni dejará de ser una empresa paraestatal. Simplemente se abrirán espacios dentro del mismo a la inversión privada para poder incrementar la producción, extracción, distribución y ventas de productos derivados del petróleo. Se trata simplemente de generar la competencia adecuada a nivel nacional, para lograr abaratar también los precios de dichos productos. PEMEX seguirá siendo una paraestatal y seguirá manteniendo el control de los principales ámbitos del área petroquímica. No hay entonces nada de que preocuparse.

Ahora, por otro lado, se olvida con frecuencia que dicha Reforma no habla únicamente de PEMEX (pero claro, es bueno para la grilla tomar el tema más polémico y olvidar el resto), sino que abarca TODO el ámbito energético. Es decir, contempla también a la CFE y CLyFC. No olvidemos que la luz eléctrica forma parte del sector energético, y que su producción y distribución también son de vital interés para dicha Reforma. Se han enfrentado ya casos en el mundo de escasez de energía eléctrica, ya que con el crecimiento de las ciudades es cada vez más difícil poder producir energía suficiente y distribuirla por toda la ciudad.



Seamos objetivos. CFE y CLyFC no son otra cosa que un monopolio. Este hecho deriva en las altas tarifas de luz eléctrica (las más altas del mundo) que nos vemos obligados a pagar sin poder objetar al respecto. En conjunto, los mexicanos gastamos millones de pesos cada bimestre para pagar nuestros recibos de luz, a cambio de un servicio que muchas veces es ineficiente. Lástima, gajes del oficio. Pero claro, preferimos el monopolio, las altas tarifas y el mal servicio antes que "atentar contra nuestra soberanía".

No hay que olvidar el caso de TELMEX, que empezó siendo una empresa paraestatal y era el monopolio de la telefonía en México. Durante varios años, este monopolio nos impuso también las tarifas telefónicas más altas de todo el mundo, las cuales nos veíamos obligados a pagar sin poder hacer nada. Más adelante, TELMEX se convirtió en una empresa privada, pero el Estado siguió protegiendo su poder monopólico por algunos años, así que las cosas no cambiaron mucho, o en todo caso, empeoraron un poco en algunos aspectos. Sin embrago, a la llegada de nuevas empresas telefónicas al país, se inició un proceso de liberación de la industria telefónica. TELMEX se vio obligado a bajar sus tarifas, mejorar sus planes, paquetes y servicios, y a modernizarse constantemente con el fin de poder mantenerse en la competencia. El resultado, una mejora en el servicio de dicha empresa, una baja en sus tarifas y la introducción de nueva tecnología en la industria telefónica mexicana.

Regresemos ahora a la industria eléctrica y visualicemos un panorama bajo el ejemplo antes mencionado. Una apertura a la inversión privada (por cierto, rescatemos esto, no toda la inversión privada es extranjera) en este sector impulsaría un crecimiento en la producción de energía eléctrica. Al haber más producción y más competencia, se tendrían entonces que mejorar no sólo las tarifas y el servicio que actualmente se ofrece, sino que además se impulsaría la investigación para el desarrollo de nuevas formas de producción de energía eléctrica, formas quizá incluso mucho más ecológicas que las actuales.

Consideremos también el aspecto económico, ya que más empresas y más competencia significa más gente para cada empresa y por lo tanto mayores fuentes de trabajo. No es lo mismo dos empresas eléctricas ofreciendo trabajo a 100 mil mexicanos cada una (por decir una cifra al azar) que 5 ó 6 empresas ofreciendo trabajo a la misma cantidad de personas. Si bien las remesas venidas de Estados Unidos son un fuerte ingreso para México, no podemos olvidar la crisis económica que sufre dicho país y los efectos que tendrá en el nuestro. Por lo tanto, es importante apoyar la creación de empleos y confiar más en el dinero que produzcamos nosotros mismos que en el que nos regalan desde el otro lado. Sin olvidar también la serie de conflictos políticos y sociales que ha desatado la desmedida migración al país vecino, la cual se vería reducida con estos nuevos empleos aquí.



Tanto los Privatizadores como los Nacionalistas buscan lo mejor para México y defender el interés nacional. El problema del que nace toda esta disputa surge entonces de aquí: ¿cuál es el interés nacional? Si bien el interés nacional sería el bienestar de la nación, hay una diferencia de visión entre ambas partes acerca de cuál es dicho bienestar. Para los Nacionalistas, el bienestar de la nación, y por lo tanto su interés, radica en proteger su soberanía y a sus empresas frente al avance del imperalismo Yanki, manteniendo así la supremacía mexicana. En realidad, es una cuestión de orgullo. Por otro lado, los Privatizadores ven el interés nacional en una mejora económica del país que sólo podrá darse por medio del apoyo externo, ya que el país en estos momentos no es capaz de solventarse por sí solo.

Críticas hemos oído muchas, y las seguiremos oyendo por un largo rato hasta que esto llegue a su fin (que por lo visto no será pronto). Al final, digamos lo que digamos, se llegará a una resolucíón, que alabarán unos y demonizaran otros. De momento, sólo podemos hacer conjeturas acerca de lo que pasará, debatir al respecto, y los más osados podremos poner manos a la obra para defender nuestra postura y lograr que se realice. ¿Tú qué prefieres, proteger la soberanía nacional o bajar los precios y mejorar el servicio?

Reforma fiscal

En Septiembre de 2007, el Congreso de la Unión aprobó una propuesta de reforma fiscal emitida por el Lic. Felipe Calderón Hinojosa, con la cual el actual presidente pretende lograr la “consolidación de un México más justo y equitativo”.

Las modificaciones realizadas a esta ley consistieron principalmente en la creación de dos nuevos gravámenes, la reforma aplicada a diversas leyes fiscales federales y la abrogación de la ley del impuesto al activo.



Los dos nuevos impuestos son: el Impuesto Empresarial a Tasa Única (IETU) y el Impuesto a los Depósitos en Efectivo (IDE) mediante los cuales el gobierno pretende incrementar de manera importante la recaudación y contar con una herramienta para identificar a aquellos contribuyentes que omitan el pago de alguna contribución.

Las modificaciones realizadas a esta ley radican principalmente en lo siguiente: el incremento al precio por litro de gasolina y diesel, que será de 2 centavos a la Magna, 2.44 centavos a la Premium y 1.66 centavos al diesel, mensualmente.

En cuanto a la Ley del Impuesto Empresarial a Tasa Única (IETU), se acordó que este impuesto será aplicado a las personas físicas y morales de acuerdo con los ingresos que obtengan, independientemente del lugar en que éstos se generen. Este gravamen se aplica bajo el cálculo de una tasa de 17.5 por ciento a la cantidad que resulte de disminuir la totalidad de los ingresos percibidos por las actividades económicas que los contribuyentes realicen. Durante el ejercicio fiscal de 2008 se aplicará una tasa de 16.5 por ciento, en 2009 se incrementará a 17 y a partir de 2010 se ajustará a 17.5 por ciento.



La Ley del Impuesto a los Depósitos en Efectivo (IDE), gravará las operaciones que las personas físicas y morales realicen en moneda nacional o extranjera, en cualquier tipo de cuenta a su nombre, en las instituciones del sistema financiero nacional. El IDE se calculará aplicando la tasa de 2 por ciento al importe total de los depósitos gravados por la ley correspondiente.

Los aspectos enunciados en los párrafos anteriores son únicamente los que he considerado de mayor importancia mencionarles para ponernos en sintonía y emitir nuestros propios comentarios acerca de la misma. Sin embargo, si deseas conocer más información acerca de este tema, te recomiendo visitar los siguientes sitios:

http://www.pwc.com/images/mx/spa/about/press-rm/reformas_2008.pdf
http://www.jornada.unam.mx/2007/09/14/index.php?section=politica&article=005n1pol

Esta reforma en teoría busca fomentar el pago completo y oportuno de los impuestos por parte de todos los mexicanos, pues la postura del gobierno radica en que la ciudadanía no es cumple en este aspecto. Sin embargo, lo importante sería que demostraran con hechos que ellos cumplen con su parte del contrato y que ese dinero en realidad tiene un fin en beneficio de la población. Cosa que nunca se ha hecho y desde mi punto de vista ese es el principal motivo por el que el ciudadano mexicano se ha formado en una cultura de incumplimiento y evasión tributaria pues desgraciadamente el gobierno no ha generado confianza y seguridad en su pueblo, por lo tanto el pueblo tampoco responde de manera favorable a sus peticiones.



¿Qué representa mayor importancia, más impuestos aplicados a la ciudadanía o el uso eficaz y eficiente del dinero público por parte del gobierno en beneficio del pueblo?

Desde mi punto de vista sería mejor que antes de exigir más impuestos… el gobierno demostrara claramente en donde se invierte todo ese dinero.

Quiero enfatizar que mi postura está en contra del mal manejo de los recursos económicos del país, no tanto en contra de las reformas de Ley pues claro está que es necesario sentar las bases reglamentarias que como ciudadanos debemos seguir. El problema aquí es que desgraciadamente no basta con la existencia de una ley escrita en un papel, es necesario que se aplique correctamente a todos los ciudadanos, de manera justa y equitativa, para que sea obedecida. Ahí es en donde también estamos fallando como nación pues desafortunadamente no existe un verdadero compromiso por parte de las autoridades para hacerla cumplir y esto aunado a las enormes lagunas que siempre han caracterizado a nuestras leyes, hace que como buenos mexicanos… siempre encontremos la manera de no cumplir con la ley incluso antes de que esta se ponga en marcha!



¿Qué solución darías para que esta reforma de ley fuera verdaderamente productiva?

¿De verdad crees que la situación económica de los mexicanos este como para que el gobierna exija más impuestos?

Aquí les dejo un artículo del Wall Street Journal en donde realizan una crítica por demás interesante no solo de la reforma fiscal sino del desempeño general de nuestro Presidente. Échenle un vistazo… se los recomiendo!
http://www.elcato.org/node/2607
El Ahuizotle

Reforma electoral

Yo “El Ahuizotle” me comprometo ante ustedes, mis lectores, que toda la información aquí encontrada será real y verídica, no me limitaré a ninguna información ya publicada.

Este espacio es para eso mis lectores, para hacer una crítica hacia las reformas desde un punto de vista de un ciudadano más comprometido con su nación, y no con la bola de corruptos que se encuentran afuera gobernándonos y manejando nuestro país como se les da su regalada gana.
Sólo recuerden que en este espacio yo, “El Ahuizotle”, escribiré mis puntos de vista desde una visión crítica y analítica, todos los comentarios aquí escritos son una visión más hacia el país de hoy.
En cuanto a la nueva reforma electoral que se ha aprobado hay varios puntos que quisiera resaltar y aclarar desde una opinión muy humilde como la es la de su gran amigo Ahuizotle.
Aun cuando se proponga un titular que se haga cargo de la contraloría general del IFE y que además sea propuesto por las universidades públicas, me parece que no es suficiente para confiar en esta reforma; ya que es difícil “suponer” que ese titular es una persona confiable, eficaz y sobre todo que no es corrupta. Debido a que en México se encuentra infiltrada la corrupción y los tratos se siguen haciendo por debajo de la mesa, que como sabemos hoy en día está de moda. Es sumamente increíble que se va dejar a escoger este gran cargo en manos de las Cámara de Diputados, se puede pensar que tal vez, pero que tal vez (jaja, sí como no) la Cámara de Diputados no meta sus sucias manos para infiltrar en el puesto a uno más de sus conocidos, amigos o compadres para así, de esta forma, poder manejar la situación a su debida conveniencia.

Por otra parte estoy totalmente de acuerdo en que no existan secretos en la cuenta bancaria de cada partido, pero eso sí, siempre y cuando sean totalmente claras y transparentes, y no mentiras y papeleo falsificado.

Tocando la reforma en donde señalan que se pondrá fin a las campañas adelantadas, creo que eso no va a ser del todo posible, ya que cada partido siempre hace de todo tipo de pre campañas, ya sean dentro o afuera del mismo. Sin embargo es una buena idea para reducir el gasto público en cuanto a disminuir el período del gasto innecesario.


En cuanto en donde se señala que todas las elecciones ya sean estatales, municipales y delegacionales que se celebren en las entidades federativas cada año, ocurrirán en la misma fecha, me parece una buenísima idea para economizar en las campañas y en los procesos electorales y así estandarizar y organizar de esta forma para ahorrarnos una gran cantidad de dinerito.


Limitando la Influencia del dinero en las Campañas Políticas y en las elecciones, pero por supuesto que ¡Sí! Sólo de esta forma podremos evitar que personas ajenas a las elecciones, personas privadas, se involucren con “donativos” multimillonarios para favorecer a cualquier candidato o partido político de su conveniencia. Con esta reforma además se deja a un lado el gran involucramiento de personas adineradas para aportar recursos que no son necesarios, para impactar en una sociedad en donde todavía una gran mayoría vota por el candidato que aparece más en la televisión, con un gran spot publicitario, llegando hasta el fondo del corazón de los mexicanos que ven por lo menos de 3 a 4 horas diarias de transmisión consecutiva de televisión.
Además esta reforma también eliminará todo tipo de dudas acerca del verdadero origen y destino de los fondos monetarios de los candidatos y de los partidos por medio de la intervención del IFE para la fiscalización de las finanzas de los mismos, a lo cual significa que ya no habrá más dudas acerca de la utilización eficaz del dinero que a cada partido se le ha asignado para ser sólo uso efectivo de este fondo. De esta forma se evitará el mal uso o mal destino que algunos partidos se han encargado de hacer con sólo participar en las elecciones y una vez que no resultan ganadores se retiran como partido y se gastan el dinero de la nación despilfarrándolo en lujos.

Estoy totalmente de acuerdo con la reforma electoral, aclaro, siempre y cuando sean cumplidas cada una de ellas y que se maneje de una forma clara, eficaz, y sin corrupción para ir en camino de la verdadera democracia, democracia que ha representado un verdadero retroceso durante las últimas elecciones. Además de que significa para la nación un ahorro de entre 2008 y 2012 más de 3,500 millones de pesos.

¿Y tú estás o no de acuerdo con la Reforma Electoral?, ¿Piensas que se llevará a cabo al pie de la letra?, ¿Los partidos políticos la acatarán? Son preguntas difíciles ¿no?, pues bien como ya dije yo si estoy de acuerdo, pero tal vez soy un tanto pesimista porque pienso que no se ejecutará del todo bien y no de forma completa y si hablamos de los partidos políticos ummta, vamos de mal en peor porque ahí ni que pensar que no respetarán la reforma ya que éstos siempre se las ingenian para salirse por la tangente.




Soy su amigo “El Ahuizotle” tal y como son las cosas.